Próxima parada: la estación ferroviaria

Creado: Dom, 27/05/2018 - 16:45
Autor: Yanay Prats Herrera
Estación ferroviaria de Atocha

Expresión de la Revolución Industrial y del desarrollo urbanístico del siglo XIX, han transitado por diversas fases en su evolución, desde las más enfocadas en la funcionalidad hasta aquellas que se preocupan también por la belleza, dando personalidad a esos edificios; algunos, verdaderas obras de arte, lo que amerita que hagamos una parada en: las estaciones ferroviarias.

Quizás por lo habitual de su uso en la vida moderna, origen y destino cuando pensamos en un viaje, no nos hayamos detenido a valorar la precisión y complejidad de la información y los elementos que implica: andenes y vías (según los trenes de diversos tipos); la señalización, sin las cuales sobre todo con las dimensiones que tienen ciertas estaciones y la cantidad de vehículos que expiden y reciben diariamente? sería imposible la dinámica que llevan; así como los servicios complementarios que ofrecen: hospedaje, salas de espera, gastronomía, plegables informativos, baños, entre muchos otros.

La progresión de los trenes con sus altas velocidades y proyectos realmente impresionantes no puede verse al margen de esa infraestructura que soporta dicho medio de transporte. Coprotagónicas si de ferrocarriles se trata, pues constituyen un punto medular en la gestión de circulación.

Además, el diseño y decoración de esos inmuebles nos permiten rastrear no solo el transitar de la historia arquitectónica, con la sustitución del uso de determinados materiales o elementos por otros, asimismo por momentos de la historia universal y de cada país, aspectos socioculturales de su gente: un tempo, un orden, un gusto estético.

En la magnificencia de esas instalaciones siempre hay detalles que las peculiarizan, así: la Terminal Chhatrapati Shivaji en Bombay, India, declarada Patrimonio de la Humanidad desde 2004, mezcla el neogótico de la época victoriana con el estilo tradicional indio, encuentro entre dos culturas muy diferentes; Saint Pancras en Londres, Reino Unido, de fachada de ladrillo rojo e interior de hierro y cristal, fue construida en 1868 con todos los avances técnicos del período y cuenta con una historia de sobrevivencia bien interesante. Es cabecera de los trenes EuroStar desde 2007.

Estación ferroviaria Saint Pancras en Londres

Y por agregar solo un ejemplo más, la Estación de Atocha en Madrid, España. Comienza a funcionar en 1851, aunque su estilo industrial, en el que se impone el acero, el vidrio y el ladrillo, no se concluye hasta 1892. Con la llegada de la Alta Velocidad en 1992 se le realizan varias reformas en función de las nuevas exigencias de los trenes, pero siempre respetando su estructura original. La nave central destaca por su invernadero tropical.

invernadero de la Estación ferroviaria de Atocha
invernadero de la Estación ferroviaria de Atocha

Muy acertado el empleo de las estaciones como símbolos de la vida misma: por el ir y venir en ellas (con sus altas y bajas). Sitios de encuentros y desencuentros, cuántas parejas no les deberán sus historias de amor a esos míticos lugares. No se les puede mirar con frialdad, son espacios plenos de vitalidad; así que no deje que la rutina de usarlas le impida admirar tanto sueño humano movido en tren.

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