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Wednesday, 22 de November de 2017.
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La antigua mansión Studebaker es hoy un restaurante


12/11/2017
Amparo López Rego*

Los automóviles Studebaker dejaron de fabricarse en 1966, sin embargo todavía ruedan en países latinoamericanos, como Cuba, y en México son famosos por sus éxitos en la Carrera Panamericana. Hoy le traemos a su creador: Clement Studebaker y su hogar en South Bend, Indiana, EE.UU.

Un desfile de autos Studebaker con miembros de la familia, a punto de partir desde la parte trasera de Tippecanoe Place, en 1910.

Agasajar con una buena cena a sus invitados fue siempre una premisa insoslayable para la familia Studebaker. Hoy, en su antigua mansión devenida restaurant, se mantiene la tradición y se atesoran sus recuerdos  para las próximas generaciones.

Los negocios marchaban tan bien y su protagonismo en la industria automotriz era tan evidente que en  1884, Clement  Studebaker, presidente de la Corporation Studebaker, asumió que había llegado el momento de construir una casa más adecuada a su posición de exitoso empresario, una  que desplegara cualidades de estabilidad, seguridad y permanencia.

La ubicación de la nueva mansión Studebaker, que se llamaría Tippecanoe Place, sería en la esquina de West Washington y Taylor Street, al oeste del centro de la ciudad de South Bend, en el estado de Indiana (EE. UU.), en un terreno de tres acres de tierra.  

En 1978, el Servicio de Recreación y Conservación del Patrimonio, del DOI  designó a la casa de Clement Studebaker como Monumento Histórico Nacional, por su significado en la conmemoración de la historia de los EEUU de América

Se construyó  entre 1886 y 1889, a un costo de 250 mil dólares –a lo que hay que sumar otros100 mil para mobiliario y piezas de arte--, astronómica suma de dinero si tenemos en cuenta que en 1880,  el costo promedio  de la renta de una buena casa en South Bend era de 12 dólares al mes.

En cuanto al nombre con el que fue bautizada la mansión, existen dos teorías, ambas muy relacionadas entre sí. Una afirma que el nombre tiene que ver con la historia indígena de la región. La otra, la más probable, es bien diferente.

Cuentan que debido a su amistad con el presidente  Benjamin Harrison, Clem Studebaker  decidió  nombrar su propiedad Tippecanoe para honrar al abuelo de Harrison, William Henry Harrison, quien peleó en la batalla de Tippecanoe, donde convergen los ríos Tippecanoe y Wabbash, el 7 de noviembre de 1811.

Por cierto, en esta importante batalla quedó sellado el destino de todas las tribus nativo-americanas del territorio que ocupa hoy estado de Indiana, ya que fueron totalmente derrotadas.

En 1889, el opulento nuevo hogar de los Studebaker abrió sus puertas. Era de cuatro plantas, con 40 habitaciones, 20 salones,  una bolera de 2 carriles y, por supuesto, un elevador. Todo el edificio ocupaba una superficie de 24 mil pies cuadrados.

Un anuncio publicitario de la Studebaker en su época de esplendor: “El Sol siempre brilla en el Studebaker.  Más de un millón de vehículos Studebaker se usan a diario en todo el mundo”

Ocho meses más  tarde, el fuego destruyó por completo el techo de la casa. Solo quedaron los muros y las paredes que resistieron. La reconstrucción se llevó a cabo durante todo el año siguiente y agregó, a la inversión inicial, otros 100 mil dólares más.

Clement Studebaker murió en 1901, y segura estoy que nunca imaginó que su apellido no solo se consagraría en la marca automotriz que fundó, sino que también su mansión fuera famosa y llegara a nuestros días. Tampoco que su casa fuera puesta en venta para saldar deudas.

Tippecanoe Place continuo en posesión de la familia hasta 1933, en que George Studebaker, el hijo mayor y único vivo entonces, se declaró en bancarrota y, junto a su esposa, se vió forzado a venderla. La conocida mansión fue puesta en venta, así como los muebles y pertenencias, todo subastado para pagar los compromisos.

La casa se mantuvo desocupada siete años. En épocas sucesivas, la majestuosa construcción vivió realidades muy diferentes a las habituales en tiempos de los Studebaker. Fue escuela para niños con limitaciones físicas, al servicio de la Cruz Roja, oficina para la administración de escuelas… por solo nombrar algunas.

A finales de los años 70, fue adquirida por la Continental Restaurant Systems y habilitada como restaurante, el cual comenzó a operar bajo el nombre de Tippecanoe Restaurant; en el 2001. La familia Matteony compró el inmueble y eventualmente también los derechos de operación del restaurante.

De tal suerte, hoy en día, ya sea en el restaurant en el interior de la mansión, o en el Studebaker Patio, en áreas exteriores, los visitantes admiran el ambiente histórico que hace más de un siglo disfrutó la familia Studebaker.

A lo que se añade una  exquisita cocina que por supuesto, incluye como “especialidad de la casa” el “Studebaker Cut”, un sabroso plato de jugosa costilla de res asada, aromatizada con hiervas, vino Cabernet y servida con crema picante de rábano. ¡Bon Appétit!

*Lic. Amparo López Rego, fue editora de las revistas Transportes (1988-1990) y SENDAS (1996-2002). Colabora con Excelencias del Motor desde Estados Unidos.