Macorina, primera habanera con licencia de conducción

Creado: Dom, 17/02/2019 - 18:05
Autor: Leonel Nodal
La macorina

Macorina fue la primera habanera, con licencia de conducción, que estremeció las calles de La Habana al volante de un convertible rojo.

En 1917 el Ayuntamiento de La Habana expide un carnet de conducir o título de chofer a nombre de María Calvo Nodarse, primera mujer en el país autorizada a manejar un auto, un verdadero escándalo en la década de 1920.

No sería el primero ni el último suceso notorio en la vida de aquella bella veinteañera que en realidad se llamaba María Constancia Caraza Valdés, nacida en 1892, en el poblado de Guanajay, entonces provincia de Pinar del Río.

La Macorina en su auto

Su primer automóvil le fue obsequiado en desagravio y compensación por un acaudalado comerciante criollo que la atropelló con su vehículo y la dejó con cojera para el resto de su vida, según cuenta el investigador Orlando A. Morales Pulido en su libro "La Historia del Automóvil en Cuba".

El leve defecto al caminar no empañó en lo más mínimo la belleza de aquella muchacha, en la que se mezclaban todos los ingredientes del ajiaco criollo, los de África y de España, pero en su caso matizados por un sublime toque asiático, apreciable en sus ojos rasgados y su largo pelo negro lacio y ondulante.

A los 15 años había escapado de su casa en compañía de su novio y único amor, quien la trajo a La Habana, pero las penurias económicas, su ignorancia y las aviesas intenciones de una mala consejera la introdujeron en un mundo donde obtuvo halagos y riquezas, a cambio de sus encantos y en el que terminó sumida en la miseria.

La macorina

“Es de imaginar la pasión desbordante que provocó en los hombres aquella mujer de impresionante belleza que, en La Habana de los inicios del siglo XX, se paseaba arrogante en un auto descapotable de color rojo, por Prado y Malecón, con la bufanda al cuello batida por el viento”, apuntó la investigadora Josefina Ortega.

Sus bien pagados encantos le permitieron emprender una carrera rápida hacia la opulencia, frecuentando hombres poderosos y ricos. Su época de esplendor, bastante dilatada para ese tipo de vida, abarcó desde 1917 a 1934.

Tuvo cuatro lujosas casas: en Calzada y B, Línea y B, Habana y Compostela y San Miguel entre Belascoaín y Gervasio; poseyó valiosos caballos, así como pieles y muchísimas joyas de incalculable valor, además de nueve automóviles, principalmente europeos pues eran sus preferidos.

Fue la amiga de ricos habaneros dedicados a los negocios y la política, incluido el presidente de la República José Miguel Gómez.

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