¿La Estación Central de Ferrocarriles fue un buen negocio?

Creado: Dom, 23/09/2018 - 16:13
Autor: Yanay Prats Herrera
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¿Se cambió la chiva por la vaca? Si usted es de los que conoce los pormenores del canje de los terrenos del Arsenal por la terminal ferroviaria de Villanueva, quizás estará de acuerdo con la prensa de la época que sí… aunque yo diría con razón, en parte, porque muchos fueron los que salieron más que beneficiados con ese trueque.
 
Resulta que el proyecto de traslado de la principal estación capitalina –emplazada donde hoy está el Capitolio– hacia el espacio que antes había sido un importante astillero, ubicado en las inmediaciones del puerto, fue una de las noticias más sonadas de inicios de la segunda década republicana; aparte de que la puja estuvo fuerte entre varios actores: el Gobierno cubano, los intereses de los ingleses y el Gobierno estadounidense.

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El motivo del cambio los progresivos inconvenientes que venían afrontando Ferrocarriles Unidos –en manos británicas– con su terminal de Villanueva, debido a las intervenciones urbanas en una ciudad en creciente modernización; lo cual terminó cercando a la estación y obstaculizando el tráfico de carga fundamentalmente. Eso, por un lado, y por otro su evidente alejamiento de los muelles.

En fin, que el estar ubicada en el mismo centro de la capital se había convertido en un hándicap para el inmueble ferroviario. La directiva de Ferrocarriles Unidos decide entonces gestionar el canje por los terrenos estatales del Arsenal (idea que se venía cocinando hacía tiempo), y remite el proyecto desde Londres.

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No obstante, la propuesta tuvo que esperar engavetada hasta que, en 1909 José Miguel Gómez, presidente de la República, reconsidera la oferta y la pone a discusión en el Congreso. Al parecer la sugestiva cifra que se manejó, con la que se mojaba el Tiburón… y salpicaba, hizo mover la balanza en favor de la aprobación.

La prensa cuando se enteró enseguida atacó, pues a todas luces aquel negocio estaba llenando los bolsillos de muchos, y exponía la mayor extensión de los nuevos terrenos y también las posibilidades operativas que ofrecía: el movimiento directo de mercancías de los barcos a los vagones ferroviarios, y… time is money. Así fue como se empezó a hablar del “chivo” del Arsenal.

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En ese contexto, el Gobierno estadounidense, que esperaba para mover sus cartas y que no iba a dejar que sus intereses se viesen afectados por los británicos, entra en el juego. ¿Cómo?, pues muy fácil, el control de la promisoria terminal quedaría en manos de una compañía norteamericana, con tal objetivo el 1ro de julio de 1910 se constituye la Havana Terminal Railroad Company; y una vez “todos de acuerdo”, semanas después, el 20 de julio, se aprobaba la ley que autorizaba el canje.

Negocio cerrado. ¿Quién ganó o perdió? Es difícil ser categórico... lo que sí nos dejó fue la Estación Central de Ferrocarriles de La Habana (inaugurada el 30 de noviembre de 1912) y una historia con bastante picante.

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