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Thursday, 21 de September de 2017.
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Ford Pinto: un auto asesino


08/07/2012
Jorge Esténger Wong

En su larga historia Ford Motor Co. ha producido todo tipo de automóviles: excelentes, regulares o malos. O buenos, bonitos y baratos. Incluso hasta veloces, lentos o “voladores”. Pero hoy veremos el singular caso de uno que fue todo un éxito de ventas y, sin embargo, dejó en la memoria de muchos el maléfico recuerdo de un auto asesino: el Ford Pinto.

Con la crisis de los precios del petróleo de los años setenta la industria automotriz norteamericana se resintió hasta sus cimientos. Fue necesario hacer un downsizing inmediato, y las compañías salieron del atolladero lo mejor que pudieron.  Esa fue la razón principal de la llegada de un auto como el Ford Pinto y la forma en que se gestó su desarrollo. En resumen, fue necesario diseñarlo en muy poco tiempo y con criterios de economía muy estrictos.

Concebido como un auto compacto, para los estándares norteamericanos, el Pinto se lanzó en 1971 para hacer frente a los modelos importados pequeños –europeos y japoneses– los cuales estaban haciendo verano. Ese fue, además, un año importante en la vida de Ford Motor Co. ya no se produjo la histórica serie Farilane y asumiría la presidencia de la compañía Lee Iacocca.  De cualquier forma, Ford preparó este modelo con una estricta filosofía de austeridad, algo desconocido para el cliente norteamericano, pero también para los fabricantes y, sobre todo, para los diseñadores. Ahora, los años de derroche, de autos enormes y motores descomunales, les pasarían factura y en el atropello de cumplir con los plazos y llegar al mercado, cometerían errores básicos, pero importantes.

Los principales problemas estuvieron vinculados a fallos de seguridad, sobre todo de seguridad pasiva. Resulta que en el Pinto, Ford utilizó el criterio –el cual se ha empleado en otras marcas y modelos– que ubicaba el depósito de combustible por detrás del eje trasero. Esta disposición, y sobre todo una frágil carrocería, dejaban al auto demasiado expuesto a deformación y transferencia del impacto en caso de colisión trasera, que lograba alcanzar al depósito de combustible, el cual, sencillamente, explotaba.  La misma carencia en la construcción de la carrocería provocaba el otro problema: la misma deformación en caso de colisión trasera, o por alcance, bloqueaba las puertas del habitáculo de pasajeros. Esto creaba una combinación fatal y el vehículo barato (un Ford Pinto costaba entre 1 500 y 2 000 USD) que habíamos comprado para aliviar nuestra vida económica, quedaba convertido en una trampa mortal. Sencillamente, nos dejaba encerrados en un auto envuelto en llamas.

Paradójicamente esto no impidió que el Pinto resultará todo un éxito de ventas para Ford, la cual produjo en 1971 más de 352 000 unidades de este modelo. Esto se refleja muy claro en esta cita de Lee Iacocca en su autobiografía “Iacocca.Autobiografía de un triunfador”, años después:

"...sólo en el primer año se vendieron más de cuatrocientas mil unidades. Esto convirtió al Pinto en un exitazo enorme, al nivel de los Falcon y los Mustang.... [...] ... El Pinto tenía dos defectos. El primero, que el depósito de gasolina estaba ubicado detrás del eje, de forma que si se producía un choque fuerte por la parte trasera existía la posibilidad de que el vehículo se incendiara. No era el único coche que presentaba ese fallo. En aquel entonces todos los automóviles pequeños tenían el depósito de gasolina en la misma ubicación. Y, también, todos los utilitarios sufrían de vez en cuando un aparatoso accidente que acababa con el vehículo envuelto en llamas".

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