Luego de dedicar sendos artículos a cada uno, Excelencias pone a estos cuatro monstruos japoneses de los noventa frente a frente. Estos cuatro autos redefinieron el concepto de alto rendimiento accesible: el Nissan Skyline GT-R R34, el Mazda RX-7 FD, el Toyota Supra Mk4 y el Acura NSX. Aunque compartían origen, sus enfoques técnicos y filosóficos fueron radicalmente distintos.
El Skyline GT-R R34 representaba la supremacía tecnológica. Equipado con el motor RB26DETT biturbo de seis cilindros y tracción total ATTESA E-TS, ofrecía unos 276–330 hp reales y una aceleración de 0-100 km/h cercana a 4,9 s. Su innovación clave fue la electrónica avanzada, incluyendo pantalla multifunción con telemetría en tiempo real, algo revolucionario para la época.
El RX-7 FD apostó por la pureza mecánica. Su motor rotativo 13B-REW biturbo, ligero y compacto, generaba unos 280 hp en un chasis extremadamente liviano (≈1.270 kg), logrando gran agilidad y tiempos de pista sobresalientes. Fue una oda al equilibrio y la conducción analógica, aunque con menor fiabilidad.
El Supra Mk4, por su parte, se convirtió en leyenda por su robusto motor 2JZ-GTE. Con 320 hp en versiones internacionales y enorme capacidad de preparación, destacaba en aceleración con 0-100 km/h en 5 s. Su verdadera innovación fue su margen de tuning, que lo transformó en icono del aftermarket y la cultura “drag”.
Finalmente, el NSX introdujo el concepto de superdeportivo utilizable. Con motor V6 atmosférico central y chasis de aluminio, ofrecía precisión quirúrgica y fiabilidad inédita en su segmento. Inspirado en la Fórmula 1 y desarrollado con aportes de Ayrton Senna, redefinió la ergonomía y el comportamiento dinámico.
En pista, el RX-7 destacaba por su ligereza, mejores tiempos en circuitos técnicos, mientras el GT-R dominaba en tracción y aceleración. El Supra brillaba en recta y preparación extrema, y el NSX ofrecía el mejor balance general.
Históricamente, estos modelos forman la “edad dorada JDM”. Hoy, su valor ha crecido exponencialmente, impulsado por la nostalgia, la cultura popular -especialmente el Supra y el GT-R- y su ingeniería irrepetible. Más que autos, son íconos que definieron una era donde Japón desafió —y en muchos casos superó— a Europa y Estados Unidos en innovación automotriz.
