Levantar el capó de un coche moderno suele ser sinónimo de ver una gran cubierta de plástico tapando el motor. Atrás quedaron los tiempos de mecánicas expuestas y accesibles que invitaban a trastear tanto a entendidos como a aficionados. Estas cubiertas no responden a motivos estéticos, más bien están puestas a efectos prácticos y esconden ventajas.
Aunque muchos piensen que las marcas quieran ocultar sus componentes, lo que pretenden es abrazarlos para mejorar su durabilidad, su rendimiento o el aislamiento acústico. Ese sería el primer motivo de peso, pues los coches actuales buscan una calidad de rodadura cada vez mayor y poner esa cubierta consigue mitigar el sonido del motor antes de que llegue al habitáculo.
Poseen además una barrera sónica muy eficaz que ayuda a tener una conducción refinada, estas tapas también sirven para proteger los componentes electrónicos más delicados del motor. Hablamos de sensores, bobinas de encendido, mazos de cables y manguitos que necesitan mantenerse a salvo para un correcto funcionamiento. La carcasa es un escudo protector contra el polvo, la humedad o la suciedad del asfalto. Incluso le da a los ingenieros una buena superficie para ordenar el cableado, evitando desgastes por roces indeseados.
Aunque muchos crean que estas planchas de plástico atrapan el exceso de calor y no dejan refrigerar bien la mecánica, la realidad es muy diferente. Su diseño está hecho específicamente para reducir las turbulencias y mejorar el flujo de aire aerodinámico debajo del capó. A través de esos canales se consiguen reducir las altas temperaturas, dirigiendo el aire frío de forma eficiente hacia las zonas que requieren una refrigeración constante. Incluso podemos ver que en los superdeportivos tienen otro enfoque.
Hay marcas que emplean fibra de carbono o kevlar en sus cubiertas mecánicas, materiales ultraligeros que soportan temperaturas extremas mientras reducen el peso del conjunto. En los de motor en posición central, que suelen quedar visibles a través de un cristal, también cumplen esa parte estética al mostrar la mecánica como si fuera una obra de arte.
Y en coches más mundanos también es indudable que dejarlos tapados responde a un factor visual, además de las ventajas anteriormente citadas. Las marcas prefieren una presentación limpia y ordenada, ya que la mayoría de clientes jamás se detendrán a observar los cables expuestos y soportes metálicos de un motor.
