Hubo una época, en la que se tenía que tener muy en cuenta la antena de los coches. Aquellos que condujeron en los 80 o 90 del pasado siglo coincidirán con tal afirmación. Cómo no recordar aquella varilla metálica telescópica que tenía que estar subida para escuchar la radio y que podía ser víctima de los túneles de lavado.
Con el paso del tiempo se saltó a una mayor integración y la aleta de tiburón es la que domina en la actualidad, después que BMW la popularizase hace unos años. Aunque podríamos estar en el principio del fin de este elemento.
Que desapareciera la varilla metálica tenía mucha lógica. Apenas servía para recibir una señal bastante simple y su integración era un problema. Además de los túneles de lavado, también eran objetivo de los vándalos y se doblaban con mirarlas. Esa aleta de tiburón que vemos hoy tiene mucha más coherencia a nivel de resistencia, aerodinámico y, por supuesto, estético. Sin embargo, los vehículos actuales empiezan a tener un problema de hiperconectividad.
Antiguamente solo era necesario captar las ondas AM y FM para la radio. Ahora hace falta que llegue el GPS para el navegador, 4G o 5G para los servicios conectados, Bluetooth para la conexión del smartphone o Wi-Fi para los ocupantes. Y estamos en pleno despliegue de las redes V2X (Vehicle-to-Everything), una tecnología que permite al coche estar conectado con semáforos y otros vehículos. Meter eso en el mismo módulo de plástico se está convirtiendo en tarea imposible, así que podríamos estar ante un cambio de tendencia.
La evolución de la tecnología está permitiendo que se puedan esconder las antenas en diferentes puntos del vehículo. Pueden estar integradas en paneles planos en el techo, bajo el alerón trasero e incluso laminadas dentro de los cristales; ocultas al ojo humano. Tiene sentido para evitar que crezca esa aleta de tiburón o que haya más protuberancias en el techo. Por no hablar de un factor técnico clave: la precisión que requieren las futuras conexiones por satélite.
Las nuevas antenas planas permiten usar tecnologías como el beamforming (dirigir la señal directamente a la torre o satélite), algo que una varilla o una aleta convencional no pueden hacer con tanta eficacia. Así que, cuando ya no queden coches con antena en el techo, quedará claro que se han convertido en una red invisible de sensores integrados por toda la carrocería.
