La historia del HONDA 125

Creado: Dom, 24/05/2015 - 12:33
Créditos
Willy Hierro Allen
La historia del HONDA 125

Cuando todavía Honda era una marca más de motocicletas, salió en 1959 el modelo Benly de 125 cc. Vino a Cuba a través de la agencia de Linares, que era famosa por sus motos Zündapp de todos los cubicajes, de 50 a 250 cc. Linares trajo a Honda como un producto nuevo, que se vendió aquí a inicios de los 60.

El día que llegó a Cuba la Honda 125, cambió el concepto de motocicleta en el país. Era algo muy novedoso que rompía las reglas establecidas durante muchos años por la moto inglesa, alemana, italiana e incluso la norteamericana. Algo diferente. Vino pintada de azul metálico (ninguna moto tenía ese color entonces), con una estructura compacta y un nivel de sofisticación sin precedentes.

La primera impresión era su alucinante sistema eléctrico: indicadores luminosos de giro, delante y detrás, un farol delantero gigante y casi cuadrado, con chucho de ignición, arranque eléctrico y alternador por separado, así como unos componentes automáticos e interruptores con una calidad que los fabricantes europeos no podían ni soñar (ni tampoco alcanzar) sino hasta dos décadas después. 

El motor compacto como ningún otro conocido aquí: bicilíndrico en paralelo, de 124 cc (62 cc por cada cilindro gemelo), con árbol de levas en cabeza (OHC), un solo carburador. Para abrir el motor, no era de forma vertical como tradicionalmente, sino horizontal, de manera que quedaban armados los cigüeñales y la caja de velocidad en el cárter inferior, no había que desarmar nada, se trabajaba muy cómodo.
  
La caja de velocidades, de cuatro marchas, única: rotativa (o sea: primera, segunda y demás, hacia abajo, luego de cuarta, otra vez punto muerto y siguiendo hacia abajo, otra vez primera, segunda… Para bajar velocidades –reducir los cambios– la palanca tenía doble pedal,  le dabas hacia atrás (arriba) en cuarta y entraba tercera, luego segunda y así sucesivamente).

La carrocería angulosa, con el guardafangos delantero semicuadrado y el trasero también, aunque abajo daba forma de bota-agua. El cuadro de chapa forjada, el timón cubierto y montado en gomas para evitar la vibración, el cuenta-millas cuadrado e incorporado al farol delantero, donde había un testigo (bombillito) que te indicaba si el alternador estaba cargando.

Traía también un pequeño parabrisas sobre el farol delantero (el deportivo), doble espejos (izquierda y derecha), tanque niquelado, doble tubo de escape y excelentes tamboras de freno. La nomenclatura de este modelo era Benly C90 de 125 cc.

También había un modelo deportivo, del cual vinieron a Cuba unos pocos (solo recuerdo dos: el del Gallego San Juan, del Vedado, y el del mulato Calderín, de Centro Habana. Al terminarse los recambios a mitad de los 60, terminaron con motor de MZ adaptado y corriendo en la categoría 175 sin mucha gloria).
 
El modelo deportivo era el Benly Súper Spot CB92 de 125 cc. En su momento fue una máquina deportiva destacada por su rendimiento y nivel de equipamiento de serie. Vino en dos combinaciones de colores: rojo y plateado con asiento negro y azul y plateado con asiento rojo. El tanque de gasolina era plateado y el guardafangos delantero niquelado, largo, pegado a la goma, el trasero corto, con la luz y la matrícula altas, casi pegadas al asiento.

El motor era igualmente un bicilíndrico de 124 cc, OHC, de cuatro marchas (normal), alimentado por un solo carburador, pero desarrollaba ¡atención! 15 HP a 10 500 rpm.

Esto último lo convertía en un león sobre el asfalto: aceleraba, corría y frenaba (el freno delantero tenía doble tambora con sistema de dobles levas que lo paraba en seco) más que todos los 125 y 175 del mercado en ese momento y podía, incluso, sacarle un susto a los 250 cc menos provistos. Resultó un impacto en el mundo de las dos ruedas.

Este modelo de Honda, que solo se fabricó en la planta de Hamamatsula, Japón, durante cinco años (la tecnología avanzaba muy rápido), de 1959 a 1964, abrió las puertas de la fama a la marca en Cuba. Honda pasó a ser el tipo de motocicleta ideal para todos los que alguna vez nos encaminó sobre el asfalto la diosa de la velocidad. Y no solo por su potencia, sino también por su belleza.

Créditos
Willy Hierro Allen