Granada es hoy comidilla entre los fanáticos al Mundo del Motor. Si hay una señal que sea característica a la hora de organizar el tráfico, ese sería el semáforo. Tiene más de un siglo de historia y apenas ha cambiado en ese tiempo, con esa configuración formada por luces de tres colores distintas que, se suceden para interrumpir o dar paso a los vehículos.
En la actualidad, la ciudad andaluza de Granada tiene algunos semáforos en los que se encienden dos luces a la vez, que han levantado escepticismo entre los conductores. Y lo que para los españoles es una rareza que puede traer cierta confusión inicial, en realidad ya está presente en otros países como Reino Unido, Alemania, Suiza o Austria.
El funcionamiento consiste en lo siguiente. Justo antes de que el semáforo cambie a verde, el disco rojo y el ámbar se mantienen encendidos de manera simultánea durante un breve instante. El objetivo es alertar al conductor de que está a punto de reanudarse la marcha, que esté preparado para salir en los próximos segundos.
Este tipo de semáforo está hecho para combatir las retenciones y la contaminación urbana. Todo conductor ha sufrido esos lentísimos arranques cuando la luz se pone en verde y pilla despistado al primero de la fila, que estaba mirando el móvil cuando no debía (o mirando las musarañas).
Con este cambio, en cuanto se vean las dos luces encendidas ya se activa el cerebro y se prepara para una reacción inminente, metiendo marcha o simplemente estando listo para acelerar. Los tiempos de reacción se reducen y la circulación es más fluida, según se ha visto en otros casos.
Además de acabar con el conocido «efecto acordeón», también se reducen las emisiones. Esto se consigue debido a que los motores están menos tiempo al ralentí y también hay menos acelerones bruscos para recuperar esos segundos perdidos al salir del semáforo. Los primeros días, los conductores de Granada se llevaron la sorpresa, algunos incluso dudaron de su legalidad. Sin embargo, este sistema se ajusta plenamente al Reglamento General de Circulación y las autoridades no han dudado en explicarlo.
La luz amarilla en este contexto no altera la obligación de detenerse que marca el rojo, simplemente añade el matiz de la preparación. Es una fase de advertencia para que no exista ese salto abrupto del rojo al verde.
