El control y la persecución a los conductores está llegando a niveles no imaginables hace décadas. Ya se ha normalizado que cada año se incremente el número de radares y que entidades como la DGT tengan una cruzada contra los excesos de velocidad.
En la actualidad se estudia limitar la velocidad de todos los coches de forma obligatoria y adaptativa. Aquí le reseñamos los detalles…
La medida que por el momento es una propuesta y que es estudiada por la Comisión Europea, tiene por delante mucho recorrido antes de que sea realidad. Se trataría de una evolución del popular asistente inteligente de velocidad, también conocido como ISA, que es obligatorio en todos los coches nuevos desde hace unos años: la alerta que saca de quicio a la mayoría de conductores, termina siendo desactivada pasado el primer kilómetro debido a sus pitidos cada vez que se sobrepasa el límite de velocidad de la vía.
Gracias a la tecnología, concretamente a las cámaras con reconocimiento de señales, el vehículo es capaz de identificar la velocidad máxima y avisar cuando el conductor la sobrepasa. Sin embargo, este sistema era eso, una alerta, el usuario tenía la capacidad de elegir si hacer caso o no.
El siguiente paso sería pasar de medida disuasoria a imposición. Y es que se evolucionaría la tecnología para usar una red de satélites GPS conectada permanentemente al vehículo para conocer la posición y la velocidad máxima de la vía
En el caso de que el conductor se pase, el vehículo reduciría la velocidad y no dejaría ir más rápido de lo que indica ese límite. Lógicamente, esta medida ha levantado mucha controversia, pues abre el debate sobre la intervención de las instituciones públicas sobre la conducción privada. Es cierto que el exceso de velocidad sigue siendo un factor determinante en accidentes mortales, pero lo que está por ver sería si es suficiente como para acabar con ciertas libertades.
También hay preocupaciones alrededor de la precisión de este sistema y el riesgo de causar accidentes en vez de evitarlos. A todos nos ha pasado que un lector de señales se equivoque y capte los 50 km/h de límite que tiene la vía de servicio aledaña en vez de los 120 km/h de la autovía principal. Un frenazo así podría tener consecuencias fatales. Todavía queda mucho por definir, pero en estos ámbitos «cuando el río suena, es porque agua trae».
