En 1960, la veterana Studebaker Corporation decidió enfrentarse a los entonces gigantes de Detroit con una camioneta que mezclaba ingenio, estilo y eficiencia. Nacía así la Studebaker Champ, un modelo que buscó revitalizar la presencia de la marca en el competido mercado de pickups ligeras. Desarrollada bajo la dirección de Sherwood Egbert, la Champ aprovechó la estructura y parte del diseño del sedán Lark, con el propósito de reducir costos y acelerar su salida al mercado. Su producción se extendió hasta 1964, año en que Studebaker cerró su planta de South Bend, Indiana.
El diseño del frontal, tomado del Lark, le otorgó una apariencia moderna y más aerodinámica que la de sus competidoras, destacando su parrilla cromada ovalada y el uso extensivo de molduras brillantes. En la parte trasera, incorporó una caja de carga tomada de la serie E, aunque luego introdujo la versión Spaceside, más amplia y práctica.
En el aspecto mecánico, la Champ ofrecía una interesante variedad de motores: desde un seis cilindros en línea de 2.8 litros con unos 90 CV de potencia, hasta el más potente V8 de 4.2 litros que entregaba 180 CV. La transmisión era de tracción trasera y estaban disponibles una caja de velocidades manual de tres cambios, con o sin sobremarcha, y una automática Flight-O-Matic opcional.
Su sistema de frenos era hidráulico de tambor en las cuatro ruedas, mientras que la dirección de tornillo y sector podía complementarse con asistencia hidráulica, un lujo poco común en pickups de la época. La suspensión delantera independiente le otorgaba un manejo más cómodo, mientras que el eje rígido trasero con ballestas garantizaba la robustez necesaria para el trabajo.
La capacidad de carga rondaba los 750 kilogramos, y su consumo promedio era de unos 7.0 km/l, cifras promedio para su tiempo. A pesar de sus virtudes, la Champ no logró frenar el declive de la marca y se estima que apenas se produjeron poco más de 20 000 unidades en total.
Hoy, la Studebaker Champ representa uno de los últimos intentos de una firma independiente por mantenerse relevante frente a los gigantes automotrices. Su mezcla de elegancia, practicidad y audacia la convierte en una joya muy apreciada por los coleccionistas de clásicos estadounidenses.
