Los globos en La Habana

Creado: Dom, 03/06/2018 - 12:00
Autor: Willy Hierro Allen
Globo

Nadie duda que Matías Pérez es el más famoso aeronauta de La Habana y su vuelo en globo, es una de las leyendas más contadas, cuyo final cierra con la frase: “voló como Matías Pérez”. Pero él no fue el primero en volar sobre La Habana; 28 años antes, Eugenio Roberston ya lo había hecho.

La primera vez que los habaneros vieron volar un globo por los cielos de la ciudad, fue en 1796. Se lanzó desde la casa de dos plantas de Don Martín Galeano, que era el Ministro Interventor de Fortificaciones y vivía al    inicio  de la calle Sol. El globo en cuestión, que no llevaba ningún pasajero, fue la atracción de cuanto viandante andaba por La Habana.

Pasaron 32 años y el 19 de marzo de 1828, el francés Eugenio Roberston dio un gran espectáculo: se elevó en su globo aerostático ante la mirada atónita del entonces capitán general Francisco Dionisio Vives y de miles de espectadores habaneros. La suave brisa vespertina lo llevó al sur para bajar en los potreros de Nazareno, cerca de Managua.
 Globo
Y si un francés fue el primero en ganar el cielo de La Habana (y además 25 mil pesos de premio), una norteamericana, Virginia Morote, fue la primera mujer aeronauta de Cuba. Salió del Campo de Marte catorce meses después de la hazaña de Roberston y aterrizó en la tenería Xifré del Cerro. Así, los vuelos en globo se pusieron de moda en La Habana.

Y voló el primer cubano, Domingo Blinó. Exactamente a las 6 y 15 de la tarde del 30 de mayo de 1831, despegó el hojalatero Blinó (devenido en aeronauta) del Campo de Marte, en su rudimentario globo “construido con esfuerzo propio”, según reseña en su libro Los primeros en La Habana, el periodista Rolando Aniceto.  
           
Pero el aeronauta cubano llevaba pasajeros en su globo cargado con gas hidrógeno. Desde las alturas, lanzó flores a los emocionados espectadores, palomas al viento y, ante la sorpresa general, descendieron un par chivos en paracaídas. Así lo cuenta en su libro de Tradiciones cubanas, el historiador Álvaro de la Iglesia.

A los 45 minutos, Blinó se perdió en lontananza y en vuelo llegó al potrero San José, en Quiebra Hacha, a unos 50 kilómetros al oeste de La Habana.   Para que los habaneros supieran que el hojalatero-aeronauta no se había perdido ni estaba en la Florida, como se decía, el Capitán General Vives ordenó publicar un suplemento del Diario de La Habana, explicando el  feliz aterrizaje de Domingo Blinó en el occidente cubano.

Sobre el autor

Fue mecánico y corredor de motocicletas en los años 60, hace periodismo desde 1971 con artículos sobre el transporte terrestre, aéreo y marítimo, es Licenciado en Periodismo desde 1979,  premiado en concursos, coautor de libros, escribió para radio y televisión, publica notas en medios nacionales y extranjeros, dirige publicaciones especializadas.

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