Cada cierto tiempo, traemos a esta columna los modelos que nadie toma en cuenta como clásicos, pero que fueron autos sólidos, leales y de gran importancia para la movilidad de su época. Este es el caso del Plymouth 1953. Veamos.
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En la historia del automovilismo hay marcas de fugaz existencia. Es notorio el caso Edsel, cuya efímera vida costó unos 250 millones de dólares –de la época- a la Ford. Hoy reseñamos la modesta Lammas, una marca inglesa de la épica decena de los años treinta. Veamos.
El Packard 1933 es considerado como uno de los mejores modelos norteamericanos del SXX, por su belleza y calidad de fabricación. Una máquina exquisita, fabricada con afán y excelente buen gusto.
Cuando se trata de autos compactos británicos, el primer modelo que salta es el mítico Mini, verdadero furor -junto a la minifalda- de los años sesenta. Con él se inmortalizó su creador Sir AlecIssigonis quien, años antes, ya había creado otro auto inmortal: el Minor. Veamos su historia.
Antes, todo era más sencillo. Las mujeres aún no habían descubierto la silicona; sabíamos -con bastante certeza-qué comíamos y nuestros autos no eran ”inteligentes“. Los años sesenta estremecieron hasta los convencionales y pesados Ford de gran tamaño.
A mediados de los años sesenta Ford Motor Co. revolucionó el mercado automotriz de Norteamérica. Tras el impacto del Mustang, se enfocó en ofrecer un muscle car mediano, acorde a la fiebre del momento. Así surgió el Cougar, el travieso felino de Mercury, un cupé hardtop, con un largo capot y una cabina relativamente corta.
Motor trasero, cabina ovoide y chasis tubular. Esta es la esencia del legendario Volkswagen Beetle, solo que antes el Daimler Benz H170 ya tenía esa configuración. ¿Es cierto? ¿Cómo fue posible?
Un revulsivo por naturaleza. Hacer un muscle car diferente, novedoso: esa era la meta. Comportamiento extremo y mucha adrenalina al volante. Este fue el OldsToronado, todo un carácter sobre ruedas. Veamos los detalles.
