La popular marca de vehículos todoterreno Santana se creó, originalmente, en 1956 como la Metalúrgica de Santa Ana, para fabricar maquinaria agrícola. Sin embargo, apenas dos años después, en 1961, comenzó la producción de los exitosos vehículos todoterreno Land Rover, bajo licencia. En esos años el mercado automotor español era bien limitado, debido al déficit de importaciones existente, y ello propiciaba que empresas como Santana (o como la propia SEAT) basaran su gestión en la producción de vehículos desarrollados por otras marcas.
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Lexus ha logrado consolidarse en su sector. Muchos la han convertido en referencia de un estándar para concebir el auto de clase, distinguido, sin el rancio conservadurismo tradicional. Su idea surgió, por la clara percepción de un ejecutivo de ventas de Toyota en los Estados Unidos, en los años ochenta, cuando ya era clara la excelente calidad de los vehículos Toyota. Fue un proyecto para el mercado norteamericano, en ese momento el más importante del mundo, y de ahí deriva su nombre LEXUS: Luxury Export United States.
A principios del desarrollo del automóvil muchos de los pioneros de la industria eran verdaderos perfeccionistas que buscaban la perfección en sus creaciones, aún a riesgo del fracaso económico. Muchas fábricas no lograron sobrevivir esa época por ese afán de ofrecer elevados productos y sacrificar la producción masiva en pos de la calidad. Stutz, marca norteamericana de la primera mitad del Siglo XX, fue una de ellas.
Las camionetas ligeras y medias han sido un importante sector del mercado desde hace varias décadas. La vida moderna impuso su necesidad y las marcas se abalanzaron a satisfacerla. Ford ha tenido un éxito histórico con su legendaria Serie F. Sin embargo, su incursión en este tipo de vehículo comenzó bien temprano, y no solo en los Estados Unidos, veamos un ejemplar de una camioneta de media tonelada: la Fordson E83W.
El Lancia Delta, concebido como una opción superior a su plataforma de origen -el FIAT Ritmo-, resultó un modelo que se ”coló“ en la historia automotriz y, gracias al apoyo popular y sus resultados competitivos, se convirtió en un mito del automóvil, motivo de culto para sus muchos entusiastas. Aquí está su historia, vista por nosotros.
Pocas décadas fueron tan proliferas en modelos que devendrían clásicos, como los años sesenta. Sobre todo, en la industria norteamericana, la cual, envuelta en la fiebre de los muscle car, produjo autos tan exóticos como este endemoniado Pontiac Firebird, capaz de lanzar llamas sobre el pavimento.
A finales de los años ochenta las marcas japonesas empujaban el mercado automotor mundial por todos lados, a fin de consolidar el espacio obtenido. El sector de vehículos todoterreno también fue escenario de esa batalla y, al final, los automovilistas de todo el mundo pudieron disfrutar de excelentes opciones que surgieron en esos años, entre ellas nuestro protagonista de hoy: el Land Rover Discovery.
El Ford Thunderbird 1966 de Jesús Folgado lo vi por primera vez hace más de diez años, estacionado en la avenida del puerto. Me quedaba claro que resultaba un auto poco común, tal vez único en el país, pues luego de 1959 la importación de vehículos de marcas norteamericanas disminuyó dramáticamente. En ese momento, jamás encontré a su dueño, seguí de largo, en medio de la presión del tráfico habanero, y guardé mis ansias de conocer la historia del imponente T-bird para otro momento, el cual a llegado hoy, veamos.
